domingo 20 de julio de 2008

CALOR


Ha hecho calor. Hasta por la noche ha hecho calor. Aquí es raro. Ha hecho calor cuando he abierto la puerta, y podía respirarse ese vapor oceánico a algas y batea. No esperaba encontrarme a nadie a esas horas. Pero allí estaba él, en la azotea, dando caladas a su porro contra la brisa marina. Ha hecho calor mientras caminaba hacía él sobre las losetas de barro. Ha hecho calor, mucho calor, cuando sus ojos se han posado sobre mí para arrancarme la ropa… O puede que no, que no me haya arrancado la ropa, pero es igual, me he sentido deliciosamente desnuda…

Le he sonreído. No puedo dejar de hacerlo.

Me pierden los hombres con ojos submarinos. Negros. Sí, ha hecho calor. Me pierden los hombres con labios inflamados. Carne. Sí, sí que ha hecho calor. Me pierden.

Hasta hoy no habíamos hablado apenas salvo para alguna cosa de la comunidad. No sé por qué. Igual porque se llama "Peligro"…

El caso es que estábamos ambos muy lánguidos pero muy elocuentes… No puedo recordar de qué hemos hablado. Me pasa a menudo. Me pasa cuando estoy sintiendo cosas a la vez, me despisto, no soy capaz de concentrarme en lo que me dicen. Mis sentidos se enredan. Se confunden...

Su voz se mezclaba en mis labios con el salitre cristalizado de mi boca… El brillo de sus ojos no me ha dejado ver con nitidez como se dilataban sus pupilas. Por supuesto que me he sentido confusa. Mi piel se ha ido abriendo para dejar entrar todo su aroma. Olía a macho. Quizá por el calor. Quizá porque la naturaleza sabe hacer bien su trabajo. Estoy segura que él también ha podido respirar el olor acre de mi coño mientras empezaba a congestionarse por dentro. Hemos estado riendo y charlando. Ha bajado a por unas cervezas a su piso… Yo relajada… sintiendo todo ese puto calor por dentro…agradeciendo al charco de mis bragas esa mágica humedad…

Me he sentado en el borde del balcón. Según ha entrado con las cervezas me ha dado un escalofrío. Me ha ofrecido una y la ha abierto contra el borde del pretil. Entonces nos hemos quedado callados mientras ambos sentíamos como nos inundaba el calor por dentro. Le he dado un sorbo a la cerveza. Estaba helada. Se ha acercado y me ha besado. Estaba caliente. Ha sido un beso enredadera. A propósito claro. Ha puesto la botella helada entre mis muslos mientras su boca me mordía los labios. Joder, la botella fría me ha puesto más caliente. Entre mordisco y mordisco me ha susurrado acelerado: “Te deseo niña, te deseo desde hace meses” Sus manos han comenzado a magrearme. Me ha apretado las tetas con ansia. Yo estaba ya mojada desde hacía rato. Luego me las ha sacado de la camiseta y ha hundido su boca en ellas. Aprisionaba mis pezones entre sus labios gruesos. Pasaba la lengua por ellos, muy mojada. Ha cogido la botella fría y me la ha pasado también por ellos. Mis pezones erectos, duros, rabiosos. Les ha dedicado un buen rato. Su boca totalmente abierta abarcando mis enormes tetas. Mamándomelas… las lamía, las pellizcaba… He estado un par de veces a punto de correrme solo con eso. “Yo también te deseo, fóllame, fóllame ahora”

Me he levantado y se ha apoyado contra el balcón. Me tenía agarrada por el culo mientras me besaba con lascivia. Besos cerdos, largos, totalmente ensalivados… Me moría por comerle la polla. He abierto su bragueta y le he bajado el pantalón. Su polla ha saltado por encima del slip. Brillante, robusta, jugosa. Estaba ardiendo. Su polla, mi mano. Sí, ardían. Le he pajeado muy despacio, recorriendo lentamente todo el perfil de su rabo. Arriba y abajo, lento, lento. Palpitando en mi mano. Ardiendo. He acercado mis labios a su capullo hinchado. He pasado mi lengua por él, con toda la lujuria que he podido, despacio, babosa. Deliciosa. Él ha gemido un momento. He seguido pajeándolo mientras le miraba a los ojos. Esos ojos negros, negros. Me he sumergido un momento en ellos mientras mi mano no dejaba de menearle la polla. Me ha bajado el pantalón. Me ha estado magreando el culo bien mientras le comía la polla. Ha tirado de mis braguitas rozándome el coño con ellas mientras yo seguía entregada totalmente a su sexo. Su polla totalmente metida en mi boca me acariciaba, lenta, la garganta. Sabrosa. Ardiendo. La he sacado un momento y le he dado un trago a la cerveza. Seguía bastante fría. Le he sonreído. He dado otro trago y me he llenado la boca. Y entonces he dejado caer el chorro frío de cerveza sobre su polla. Solo he oído: “Uffffffffffff” Pero he sentido su escalofrío. Entonces he subido el ritmo. Mi boca mojaba su polla y la aprisionaba entre mis labios. He quitado la mano y le he agarrado por el culo mientras seguía follándome la boca una y otra vez. Ardiendo.

Entonces con un movimiento brusco me ha levantado, me ha puesto contra la pared, me ha cogido de las manos y me las ha inmovilizado con las suyas. Seguía lamiendo mis labios. Muy guarro. “¿Sabes que eres una vecina muy muy mala?” Le he vuelto a sonreír mientras sacaba la lengua obscena. Eso le ha puesto a mil. Me ha clavado la polla. Me ha incrustado contra la pared. A un ritmo bestial. Su boca no se ha separado de mis labios. Su polla me llegaba totalmente dentro. Su pelvis me rozaba el clítoris con cada embestida y éstas eran rapidísimas. Mis jadeos se han ido alargando más y más hasta casi gritar. “Así, así, fóllame, fóllame cabrón, mmmm qué rico, qué bien me lo haces cabronazo, así, así”. Me he corrido profundamente, un orgasmo largo, rico, rico. Se ha quedado mirándome un momento.

Estaba totalmente empapado, en mis jugos, en su sudor. Chorreaba. “Da gusto verte, pones una cara, ufff, me estás poniendo brutísimo”. Entonces ha vuelto a moverse. Más rápido, más y más y más. Follando muy duro, muy fuerte. Sudando. Gimiendo. Sus gemidos y los míos se mezclaban. Sus labios seguían babeándome la boca, el cuello, la barbilla. Pero entonces su polla ha cambiado de trayectoria y en lugar de darme contra la pared, ha empezado a sacudirse hacia arriba, como si quisiera levantarme con la polla. Me ha encantado sentir su orgasmo mientras su polla enloquecía dentro de mí. Me ha encantado sentir todo su calor, su fuerza, sus embestidas, sus gotas de sudor cayendo de su pelo empapado, sus putas ganas en mi coño, descargándose en mí, batiendo, desatado, totalmente salido. Me ha encantado sentir su corrida sobre mi coño, impregnándome toda con ella. Sintiendo el frescor de su leche sobre los labios de mi sexo. Untándolo. Me ha vuelto a besar mientras me susurraba al oído: “Me encanta, eres supercerda” Le he vuelto a besar mientras le susurraba al oído: “Lo sssoy”.

Definitivamente ha hecho calor. Mucho calor.

EROTIC ART

Gozar de la belleza. De cómo brilla. De cómo llega.

Todo movimiento.

Gozar de los sentidos. De cómo se revelan. De cómo se meten.

Dentro.

Todo gusto.

Gozar, gozar, gozar, gozar…

viernes 11 de julio de 2008

OJALÁ


Sé que vas a matarme con tus besos bala.

Que me perforarás, decidido, con tu polla taladro.

Una y otra vez, hasta acabar conmigo.

Y yo me seguiré buscando en todo. En cada suspiro, en cada gesto de placer, en cada mirada de deseo, en mis putas ganas…en tu piel, en tus dedos, tocándome, en tu lengua, sintiendo, lamiendo, explorando, viviendo…

Cuando dices - es solo sexo- blasfemas, cabrón, no sabes lo que estás diciendo. ¿Sólo? Es todo sexo. Soy.

Ojalá todo fuera tan limpio como el sexo, tan llano, tan sincero.

Ojalá no dejásemos que en nuestro cuerpo se infiltraran las artimañas ni permitiésemos que nadie nos condujera a callejones sin salida. Pero utilizamos nuestras tácticas, nos subimos a nuestro teatrito y terminamos vendiendo lo mejor de nosotros para representar a quienes no somos. Sí, a cualquiera, solo por sentirnos…

Un asco.

Seamos sinceros. Yo me busco en tu piel. Y créeme…me encuentro. Quiero tu piel para encontrarme, un instante tan solo. ¿Acaso la vida no está hecha de momentos?

Maldita sea, ya sé que vas a matarme con tus besos bala.
(Lo deseo…lo deseo tanto)

lunes 7 de julio de 2008

SENTIR


Me he despertado y te he seguido. Te he seguido acuciada, sin saberlo, por este inaudito fenómeno de impronta.

Lo he sentido al verte. Lo he sentido en mi piel, sobre los párpados, en la punta de los dedos… Lo he sentido bajando por mi pecho y se ha quedado, un segundo, en el ombligo. En mi coño…en sus labios…en mi agujero. Por dentro. Subiéndome por dentro…
Lo he sentido en todo el cuerpo…

Me he despertado y me has mirado. Al mirarme, mis ojos y los tuyos se han quedado pegados. Nuestras miradas se han quedado flotando. Un momento solo. Y juraría que ambos sabíamos lo que sentíamos.

Debería haber un nombre más exacto para el deseo. Para cuando se comparte ese deseo loco. Esa furia, esa lujuria. Y no es amor. Para ese momento en que ambos sabemos que nuestros cuerpos quieren juntarse. Quieren follar y follar. Hasta morir. Quieren besos, quieren polla, coño, sudor. Quieren sentir como se estremece el cuerpo de otro junto al suyo. Quieren encontrar orgasmos y gemirlos. Y no pensar en nada más. Parar el tiempo. Follar y punto. Pero como si follar fuera lo más excepcional del mundo.

Hundirse.
Caer.
Flotar.

Sentir.

Me he despertado y te he mirado. Y al mirarnos lo he sentido. Y te he seguido.

Me he sentido en todo tu cuerpo.

viernes 4 de julio de 2008

QUIERO



Pues yo quiero que todos los días sean la hostia.


Todos.

Habrá que estar atent@


Puta Inocencia

lunes 30 de junio de 2008

COMO NUNCA


Te pedí que me besaras como si nunca más fueras a besarme, quería un beso intenso y lleno. Lleno de ti. Quería ese beso, solo ese, solo una vez.

Te sonreíste, con esa sonrisa de animal extraño que tienes cuando me miras así, con cara de guarro. Con esa mirada de cerdo que me encanta, que me levanta, que me provoca, que viene a por mí. - Hoy voy a follarte como si nunca más fueran a follarte, es más, puede que después no quieras que vuelvan a follarte. Me pareces tan sexy cuando estás tan seguro de algo…

Yo solo quería ese beso.

Me agarraste de la mano y sin decir nada comenzaste a desabrochar despacio mi vestido blanco. Me siento una bicha con él. Botón a botón me fuiste desnudando, como si desnudar a alguien fuera un arte en sí mismo. Seguro que lo es. Me besabas a cada botón que desabrochabas. Lento, como si fueras al compás de un ritmo que ambos conocíamos. Ibas poco a poco pero seguro de que cuanto más tardabas en lo que estabas haciendo más rápidamente me excitaba yo. Cuando me quitaste el vestido yo ya tenía ganas de que me penetraras con fuerza. De que te hundieras en mí lo más duro, lo más.

No me desnudaste del todo, me dejaste con mi corsé con liguero y medias blanco y los tacones. Me bajaste las bragas arrodillado frente a mí, jugando con tu boca entre mis piernas, dándome besos pequeños, pellizcándome el culo que saltaba y bailaba a tu antojo. Luego me hiciste sentar en la butaca, te arrodillaste ante mí, me agarraste los tobillos, los besaste, y separaste mis piernas delicadamente, para abrirlas bien. Me quitaste las bragas, colocaste uno de mis pies sobre la cama, luego otro, quedando tú en el medio, y me echaste un poco hacia atrás dejando todo mi coño y mi ano expuesto ante ti. Comenzaste a besarme los tobillos y subiste lentamente por mis piernas, cuando llegaste a mis muslos ya estaba caliente como una perra. Como tu perra. Me tienes así cuando quieres. Lo sabes. Mi coño se había hinchado y enrojecido y lo sentía segregar fluidos preparándose para lo que ya intuía. Me pasaste la lengua por las ingles mientras te agarrabas a mis caderas, aún puedo sentir la marca de tus dedos, y entonces me besaste el coño, besos pequeños sobre el monte de Venus, pasaste la lengua por mi raja, muy levemente, luego por mis labios, luego la posaste sobre el clítoris. Te paraste. Volviste a lamer... Estoy segura que sentiste cómo se erguía. Echaste tiempo ahí seguro de que era un buen lugar para quedarse. Me follaste el coño con la lengua. Tu lengua entrando y saliendo de mi coño. Luego bordeaste mi ano, me comiste el culo mientras yo me sacudía como una culebra. Sentía tu lengua como si estuviese hecha solo para hacer eso: darme placer. Un placer único sobre mi sexo húmedo y palpitante. Sobre mi culo, sobre mi sexo. Sobre ese universo que queda entre mi coño y mi culo. No podía dejar de gemir. Mi voz resonaba en la habitación una y otra vez. No quería dejar de hacerlo. Mis propios gemidos me excitan, me provocan, me subliman, me hablan de mí y de cómo siento por dentro. Del placer. De la ostia de placer. Sube y sube. No para. Me supera.

Gemía. Gritaba. Susurraba tu nombre. Y aquel día estabas entregado como nunca a esa destreza: hacerme sentir. Sentirte.

Te paraste un momento. Me miraste. Yo seguía moviéndome como cuando das vueltas a una peonza que continúa su trayectoria aunque la abandones… Tú te quedabas mirándome. Te encanta mirarme cuando pierdo el control. Cuando me vuelvo loca. Cuando me muero de gusto. Así que te detuviste para mirarme, solo para mirarme, y susurrarme cosas bonitas…
- Sigue preciosa, sigue moviéndote así princesa…pero no te corras, aún no… Estás tan divina así. Nunca has estado más guapa, perfecta -

Me tumbaste en el suelo. Como si fuera una muñeca. Tu muñeca. Con muchísima ternura.
Entonces cuando me relajé un poco proseguiste. Abandonaste mi coño. Y acercaste tus labios a mi oreja, y en voz muy baja me dijiste: - Hoy vas a saber lo que es correrse bien a gusto. Hundiste tus dedos en mi coño y lo hiciste tan suavemente que no estoy segura de que llegaras a tocarme. Pero sé que los mojaste bien porque pude sentir mi propia agua sobre la cintura, sobre el pecho, sobre el cuello, sobre mis labios, metiste tus dedos en mi boca y yo succionaba como si fuera tu polla, quería tu polla, la necesitaba en mi boca, ansiosa, glotona, y tus dedos mojados siguieron su camino, por toda mi piel; pasaste tus dedos muy muy suave sobre mis tetas, sobre los pezones que casi me dolían de lo excitada que estaba. Los pasaste por mis costados, por las costillas, una a una, por mi espalda, el culo. Te paraste en mi culo. Bajaste y volviste a impregnarte de mí. Metiste un dedo en el ano. Muy suave, muy despacio. Yo gemía, te llamaba, te suplicaba que me follaras ya. Seguiste con tu juego de caricias bajando por mis piernas, volviendo a los tobillos, ascendiendo hacia mi coño de nuevo. Tus dedos, tu lengua, tu polla pasaban una y otra vez sobre mi piel mojados en mis jugos y en el sabor de tu boca. Perdí la noción de la realidad. Como si me hubiesen encerrado en una urna donde todo éramos tú, yo y el placer que me estabas regalando. Quise gritarte pero apenas si tenía aliento para hacerlo y te dije: -
No puedo aguantar más, me voy a correr.

- No mi niña, no te corras aún, espera, ya verás que merece la pena.

Paraste otra vez seguro de lo que hacías. Volviste a mirarme con tus ojos de perro en celo. Y te lo pedí: - Bésame, aún no me has comido la boca. Y te sonreíste de nuevo mientras negabas con la cabeza. Temblaba. Continuaste como si no me hubieses oído… te acercaste a mí y te sentaste a mi lado, pasaste mis piernas por tu cintura y restregaste tu polla sobre mi coño que parecía gritarte: - Fóllame, fóllame- Lo sentía húmedo y jugoso, dilatado, hinchado, a punto de caramelo. Fue impresionante ver como tu polla desaparecía dentro de mi agujero, lentamente, durísima, vertical. Fue estupendo sentir como mi coño se amoldaba a ella, contento, agradecido, rezumando líquidos, como si hubieras entrado en un lago tranquilo y gozosamente cálido. Fue extraordinaria la reacción de mi cuerpo a toda tu maniobra, que aún esperaba por mi corrida ya que me habías pedido que esperara. Clavado sobre mí, me diste la vuelta. Me pusiste del revés, del derecho, follamos duro, sacudiendo mi coño en toda su profundidad, en toda su amplitud. Te monté como una posesa, galopando sobre tu polla como loca. Sentía como te hincabas en mí a cada golpe de cadera. Como una perra. Tu polla respondía perfectamente a mis sacudidas. La sentía dentro de mí escurrirse, buscando todos mis rincones. Me recosté hacia atrás sobre ti para sentirte aún más la polla, estirando al máximo mi espalda. Hasta sentir nuevos espacios dentro de mi coño. Entregada, poseída, como si estuviera descubriendo el puto cosmos. Cada vez que sentía que mi iba a correr me hacías parar. Un momento solo, lo suficiente. Luego me senté sobre ti con mis piernas apretando tus caderas como si fuera la grupa de un caballo y te recostaste y, así, quedamos abrazados mientras tu polla me golpeaba una y otra vez a un ritmo delirante. Estuvimos así bastante tiempo. Al borde del orgasmo. Conteniéndome. Dominándonos. Me hiciste esperar, esperar. Hasta que llegó un momento que no podía más.
– Déjame correrme ya o reviento, déjame, déjame, lo necesito, lo necesito…

Paraste otra vez. Me miraste. Y empezaste a mover tu polla despacio dentro de mí. Una vez. Otra. Otra. Despacio, despacio. Sin prisa. Hondo. Profundo. Lento. Seguro de lo que hacías. Me mordiste el cuello suavemente. Pasaste tu lengua por mi cuello. Hiciste como si fueras a besarme los labios pero no. Y me dijiste: - ¿Quieres correrte? ¿Te corres preciosa? ¿Si? Venga, dale, córrete, córrete mi niña. Entonces comenzaste a follarme más rápido, mucho más, mucho más duro. Sentía tu polla clavándose al fondo de mí, te sentía entrar y salir con fuerza, con toda tu fuerza, creí que me partías en dos…Duro, enérgico, con todo tu cuerpo, con toda tu polla. Llena. Llena de ti. Llena de gusto.

Un escalofrío de placer me recorrió toda. Intuí que la corrida iba a ser impresionante. Y apenas sin poder respirar sentí un orgasmo extraordinario. Susurré tu nombre entre jadeos…

Y entonces sí, me besaste, me besaste como no lo habías hecho nunca, como si fuera el último beso de tu vida. Y mi placer se triplicó, sentí un orgasmo único, inconcebible, inmenso, que subía y bajaba, que me atravesaba como cuando algo te duele demasiado…sentí que iba y que venía una y otra vez, pulsando sobre mi columna, yendo y viniendo por toda mi piel a ráfagas, cargándose en mi coño y volviendo a embestirme, palpitando en mi clítoris sin parar, como un corazón, enganchándome por la cintura y golpeando mis riñones… cada vez más lento…pero sin llegar a detenerse…cayendo dentro de mí, hacia un abismo …sin poder parar…largo…largo…largo…Llegó un momento en que me sentí agotada pero no quería renunciar a esa manera tan dulce de morir y me abandoné a mi placer como si mi cuerpo no fuera mío…solo el placer…solo mi orgasmo dentro de mí…mi orgasmo y tú…

Quedamos rendidos, tú y yo. Mi sexo seguía palpitando. Aún lo hizo durante un rato. Él solo. No podía dejar de temblar. Y me sentí deliciosamente muerta.

Sí, lo hiciste, me besaste como nunca.

domingo 22 de junio de 2008

RARA


Ha sido una semana desmedida, extraña, insólita… y es curioso que aún yendo a por todas nada haya salido como esperaba. No peor, solo diferente. Me encanta el modo en que el destino se organiza, las formas en que los días consiguen sorprenderme para bien o para mal…

Hacía muchos años que no entraba en su casa. Aunque hubo una época en que no salía de allí. Como si fuera mi casa.

La piscina sigue como siempre. Siguen teniendo la costumbre de alfombrar los bordes con toallas…siempre me he preguntado por qué… El olor del césped recién cortado se mezclaba en mi nariz con el cloro de la piscina… He estado nadando un buen rato…sumergida en ese silencio pacífico del agua hasta que he oído zambullirse a alguien al otro lado. Cuando estaba llegando he visto una sombra submarina y alguien me ha parado agarrándome por la cintura.

– Sigue poniéndome cachondo verte nadar, rubia…

Me he parado en seco. No esperaba verle frente a mí ni de coña. Hacía años y años que no coincidíamos en Madrid. Me he alegrado. Me he alegrado tanto de verle tan moreno, tan gracioso, tan sonriente, tan bien, que me he echado a reír y me he tirado a su cuello como si volviera a tener quince años…

- ¡Joder, cuánto tiempo! – y le he llenado la cara de besos
- ¿No han venido tus padres?
- Claro… los he buscado alrededor y entonces me he dado cuenta de que no había nadie, de que estábamos solos

Ha sido muy raro que nos quedásemos hablando en el agua de esto y de lo otro como si nos hubiésemos visto el día anterior. No sé ni cómo he podido seguir el hilo de la conversación. En realidad ni siquiera sé de qué coño hemos hablado. No podía dejar de pensar en su polla, en la piscina, en la de guarradas que hicimos sobre alguna de esas toallas en el borde de la piscina… Sus labios se movían pero yo solo podía ser consciente de su eficaz sensualidad mientras se abrían y cerraban… Así que no he podido hacer otra cosa. Me he acercado a su oreja y mientras mi mano se deslizaba por debajo de su bañador le he susurrado: - ¿Te acuerdas?...

Su polla ya estaba como el mármol. Su cuerpo mojado y caliente… Ha dicho mi nombre muy bajito… y yo le he contestado: - Ahora sí te dejaría…

Su mano también se ha deslizado rápida hacia mi culo. Me ha apretado una cacha y luego sus dedos han bajado hasta mi raja rozándome el coño mientras yo seguía agarrada a su polla. Hemos disimulado…nos mirábamos y mirábamos también alrededor por si nos veía alguien, como si no hubiese una correspondencia entre lo que pasaba fuera del agua y lo que ocurría por debajo. El agua ha empezado a calentarse y el sol no tenía nada que ver con eso. Me he separado de él y he salido, despacio, del agua. Aunque estaba de espaldas a él he sentido sus ojos clavados en mi culo. - Voy al baño

Extrañamente no había nadie. Al entrar en la casa me ha dado un escalofrío. Todo seguía como entonces. Blando, sensual, apacible, con ese esponjoso aroma a... sexo.

Cuando he ido a cerrar la puerta su mano me lo ha impedido. Me ha besado despacio, suave… - Se han ido todos, acabo de llamar a mi padre, tenemos algo más de una hora… Por supuesto he sentido otro escalofrío… y he vuelto a sentir el deseo atravesándome… profundo. Así que le he besado frenética. Como si esa fuera a ser la última hora de mi vida en que pudiera volver a besarlo (en realidad, puede que sí) - Entonces ¿a qué estás esperando? Nuestros besos parecían chocar entre sí mientras las lenguas se entrelazaban furiosas. Me ha puesto contra la pared. Me ha besado la boca y mientras sus manos palpaban mis tetas, mi cintura, mis caderas, mi culo, mi raja, mis muslos…sus labios acariciaban mis pezones, sus dientes los mordisqueaban y erguían. Luego se ha dedicado a mi coño. Lo sentía moverse solo de puro gusto. Joder!! Me ha goteado todo el cuerpo. Mis caderas se movían mientras mi culo pegaba contra las baldosas frías. – Siempre me puso a mil esa carita de cerda…déjame follarte el culo anda… Me he inclinado sobre el lavabo para vernos en el espejo, quería verle la cara, quería verme la cara.


Se ha inclinado sobre mí. Su lengua se deslizaba por mi espalda y ha continuado por toda la raja de mi culo. No sé por qué pero he empezado a temblar. Solo un poco. Le oía gemir mientras lubricaba mi culo. Era la primera vez que me él me comía así. Después de tanto tiempo ha sido un poco una primera vez, sí. Reconozco que me ha dado algo de vergüenza, no sé por qué, igual porque de chicos era distinto, puede que igual de guarro, pero no sé, distinto. Lo cierto es que he sentido algo muy íntimo con él, algo que apenas recordaba. Como si llevara mucho tiempo deseándolo… o soñándolo en secreto. Su lengua me penetraba y me acariciaba. He estado a punto de correrme, pero es hábil, siempre lo ha sido, y se ha dado cuenta, así que ha parado un momento. Sus brazos me han rodeado. Sus brazos fuertes me han agarrado y sostenido como tantas y tantas veces. Me ha mecido sobre él, haciéndome esperar un momento. – Shhhhh quiero hacer que te corras por el culo…eso no lo he tenido contigo… Y ha vuelto otra vez. Sus manos han subido por mis muslos haciéndome cosquillas. Su lengua se ha metido por mi raja. He cerrado los ojos. Luego ha vuelto sobre mi culo que ya estaba empapadísimo de él. De agua, de saliva, de placer, de ganas…Me ha separado un poco las piernas. Una de sus manos se agarraba a mi cadera, la otra sujetaba firme su polla. Ha introducido un poco la punta, mi culo se amoldaba a ella, lento. Pero muy jugoso. Estaba como loca. Pero me he contenido. He sentido su rabo en el culo, totalmente quieto, duro, hinchado…Ha empezado a moverse poco a poco según notaba como su polla se extendía en mi culo. Se impulsaba, lento, sobre mí. Sus ojos me miraban en el espejo. Follando como perros. No he podido evitar ir más deprisa. Mis ganas y mi culo lo pedían. Mi agujero se estremecía a cada pollazo. Me ha dolido un poco y me ha gustado mucho. Me he mordido el labio inferior y él me ha mordido la espalda. Sus manos apretaban mis caderas contra el lavabo. A favor de su polla. Mis piernas temblaban cada vez más… - ¿Te corres? ¿Te estas corriendo? No he podido contestarle. Mi cabeza se echaba sola para atrás mientras me faltaba la respiración. He sentido ganas de gritar. He gritado convulsa. Le he sentido tan dentro. No como algo físico solo. Ha sido como si se hubiera metido dentro de mi gusto. Como si en ese momento, en ese lugar, no hubiera podido sentir ninguna otra cosa que mi culo apretándose alredor de su polla. Mi coño y mi culo contrayéndose una y otra vez en mi placer… - Te estás corriendo guarra…di mi nombre, dilo joder, dilo

(Apenas podía hablar pero lo he dicho… He dicho su nombre, aunque no era su nombre. Era un juego de niños. De cuando teníamos quince años…)

Ha vuelto a parar y luego ha vuelto a moverse despacio. Una de sus manos la ha puesto sobre mi coño, en el clítoris. Tan pronto lo pellizcaba como me daba palmadas sobre el coño. Pero su polla no ha salido de mi culo. Lo ha hecho dulce. Lo ha hecho rápido. Lo ha hecho guarro. Lo ha hecho lento…Lo ha hecho de todos los modos. No ha dejado de tocarme el coño en todo el tiempo. No ha dejado de lamerme la espalda… No hemos dejado de mirarnos en el puto espejo. Me he corrido varias veces mientras miraba mi cara de puta, mientras le miraba encularme con su mirada de perro en celo. Me he corrido bien a gusto. Por el culo. Luego se ha corrido dentro de mi culo. Y se ha quedado abrazado a mí así un momento. Mirándome en el espejo, mis manos sobre el lavabo, sus brazos enredados en mí, mis piernas temblando. Un charco de agua a nuestros pies. Nos hemos echado a reír…

Luego hemos aprovechado en la piscina lo que quedaba de esa hora…Creo que ha sido una de las horas mejor aprovechadas en la historia de las horas…

Ha sido una semana rara…ha sido un día estupendo.