Le he sonreído. No puedo dejar de hacerlo.
Me pierden los hombres con ojos submarinos. Negros. Sí, ha hecho calor. Me pierden los hombres con labios inflamados. Carne. Sí, sí que ha hecho calor. Me pierden.
Hasta hoy no habíamos hablado apenas salvo para alguna cosa de la comunidad. No sé por qué. Igual porque se llama "Peligro"…
El caso es que estábamos ambos muy lánguidos pero muy elocuentes… No puedo recordar de qué hemos hablado. Me pasa a menudo. Me pasa cuando estoy sintiendo cosas a la vez, me despisto, no soy capaz de concentrarme en lo que me dicen. Mis sentidos se enredan. Se confunden...
Su voz se mezclaba en mis labios con el salitre cristalizado de mi boca… El brillo de sus ojos no me ha dejado ver con nitidez como se dilataban sus pupilas. Por supuesto que me he sentido confusa. Mi piel se ha ido abriendo para dejar entrar todo su aroma. Olía a macho. Quizá por el calor. Quizá porque la naturaleza sabe hacer bien su trabajo. Estoy segura que él también ha podido respirar el olor acre de mi coño mientras empezaba a congestionarse por dentro. Hemos estado riendo y charlando. Ha bajado a por unas cervezas a su piso… Yo relajada… sintiendo todo ese puto calor por dentro…agradeciendo al charco de mis bragas esa mágica humedad…
Me he sentado en el borde del balcón. Según ha entrado con las cervezas me ha dado un escalofrío. Me ha ofrecido una y la ha abierto contra el borde del pretil. Entonces nos hemos quedado callados mientras ambos sentíamos como nos inundaba el calor por dentro. Le he dado un sorbo a la cerveza. Estaba helada. Se ha acercado y me ha besado. Estaba caliente. Ha sido un beso enredadera. A propósito claro. Ha puesto la botella helada entre mis muslos mientras su boca me mordía los labios. Joder, la botella fría me ha puesto más caliente. Entre mordisco y mordisco me ha susurrado acelerado: “Te deseo niña, te deseo desde hace meses” Sus manos han comenzado a magrearme. Me ha apretado las tetas con ansia. Yo estaba ya mojada desde hacía rato. Luego me las ha sacado de la camiseta y ha hundido su boca en ellas. Aprisionaba mis pezones entre sus labios gruesos. Pasaba la lengua por ellos, muy mojada. Ha cogido la botella fría y me la ha pasado también por ellos. Mis pezones erectos, duros, rabiosos. Les ha dedicado un buen rato. Su boca totalmente abierta abarcando mis enormes tetas. Mamándomelas… las lamía, las pellizcaba… He estado un par de veces a punto de correrme solo con eso. “Yo también te deseo, fóllame, fóllame ahora”
Me he levantado y se ha apoyado contra el balcón. Me tenía agarrada por el culo mientras me besaba con lascivia. Besos cerdos, largos, totalmente ensalivados… Me moría por comerle la polla. He abierto su bragueta y le he bajado el pantalón. Su polla ha saltado por encima del slip. Brillante, robusta, jugosa. Estaba ardiendo. Su polla, mi mano. Sí, ardían. Le he pajeado muy despacio, recorriendo lentamente todo el perfil de su rabo. Arriba y abajo, lento, lento. Palpitando en mi mano. Ardiendo. He acercado mis labios a su capullo hinchado. He pasado mi lengua por él, con toda la lujuria que he podido, despacio, babosa. Deliciosa. Él ha gemido un momento. He seguido pajeándolo mientras le miraba a los ojos. Esos ojos negros, negros. Me he sumergido un momento en ellos mientras mi mano no dejaba de menearle la polla. Me ha bajado el pantalón. Me ha estado magreando el culo bien mientras le comía la polla. Ha tirado de mis braguitas rozándome el coño con ellas mientras yo seguía entregada totalmente a su sexo. Su polla totalmente metida en mi boca me acariciaba, lenta, la garganta. Sabrosa. Ardiendo. La he sacado un momento y le he dado un trago a la cerveza. Seguía bastante fría. Le he sonreído. He dado otro trago y me he llenado la boca. Y entonces he dejado caer el chorro frío de cerveza sobre su polla. Solo he oído: “Uffffffffffff” Pero he sentido su escalofrío. Entonces he subido el ritmo. Mi boca mojaba su polla y la aprisionaba entre mis labios. He quitado la mano y le he agarrado por el culo mientras seguía follándome la boca una y otra vez. Ardiendo.
Entonces con un movimiento brusco me ha levantado, me ha puesto contra la pared, me ha cogido de las manos y me las ha inmovilizado con las suyas. Seguía lamiendo mis labios. Muy guarro. “¿Sabes que eres una vecina muy muy mala?” Le he vuelto a sonreír mientras sacaba la lengua obscena. Eso le ha puesto a mil. Me ha clavado la polla. Me ha incrustado contra la pared. A un ritmo bestial. Su boca no se ha separado de mis labios. Su polla me llegaba totalmente dentro. Su pelvis me rozaba el clítoris con cada embestida y éstas eran rapidísimas. Mis jadeos se han ido alargando más y más hasta casi gritar. “Así, así, fóllame, fóllame cabrón, mmmm qué rico, qué bien me lo haces cabronazo, así, así”. Me he corrido profundamente, un orgasmo largo, rico, rico. Se ha quedado mirándome un momento.
Estaba totalmente empapado, en mis jugos, en su sudor. Chorreaba. “Da gusto verte, pones una cara, ufff, me estás poniendo brutísimo”. Entonces ha vuelto a moverse. Más rápido, más y más y más. Follando muy duro, muy fuerte. Sudando. Gimiendo. Sus gemidos y los míos se mezclaban. Sus labios seguían babeándome la boca, el cuello, la barbilla. Pero entonces su polla ha cambiado de trayectoria y en lugar de darme contra la pared, ha empezado a sacudirse hacia arriba, como si quisiera levantarme con la polla. Me ha encantado sentir su orgasmo mientras su polla enloquecía dentro de mí. Me ha encantado sentir todo su calor, su fuerza, sus embestidas, sus gotas de sudor cayendo de su pelo empapado, sus putas ganas en mi coño, descargándose en mí, batiendo, desatado, totalmente salido. Me ha encantado sentir su corrida sobre mi coño, impregnándome toda con ella. Sintiendo el frescor de su leche sobre los labios de mi sexo. Untándolo. Me ha vuelto a besar mientras me susurraba al oído: “Me encanta, eres supercerda” Le he vuelto a besar mientras le susurraba al oído: “Lo sssoy”.
Definitivamente ha hecho calor. Mucho calor.








